lunes, 13 de mayo de 2013
Cuando suena el punteo en slide en la guitarra que brote la sangre con cada nota que rebana la piel hasta que el brillo carmín recorra el diapasón, allí sabre el dulce esfuerzo que deja el dolor en mi mano, dibujando escalas entre la oscuridad, cerrando los ojos y por momentos volar, sonriendo a la nada mientras las gotas bajan por mis dedos hasta la muñeca, se siente como fuego que arde desde adentro, felicidad pura con su sonido casi grotesco, lento como la muerte, brillante como el infierno, casi siento como el ambiente se pone denso y frunzo el ceño mientras entre el humo de lo que fumo sueño, vuelo y canto desafinado, inventando historias con el diablo, jugando a la hoja que cae del árbol a la deriva, miel de otoño roja como mis ojos, despertare de mi trance y bailare de nuevo en las calles desafiando las caras que se queden mirando, esperando encontrar ese tu rostro entre las masas, solo para sonreír con los ojos abiertos y seguir caminando con el fuego en mi mano.
martes, 15 de enero de 2013
Puedo contar mis sobredosis con los dedos de una mano:
Agosto de 1985. Percoret. Las pastillas de 5mg eran idénticas a las de 325mg, que eran idénticas a los laxantes genéricos. No estaba en condiciones de leer la letra pequeña. Urgencias, 85ml de jarabe de ipecacuana y vómitos sólidos de tóxicos y excipientes. Treinta y siete horas retorciendome y cagando sangre.
Febrero de 1986. Metrocarbamol. Comprimidos amarillo chillón como un sol dibujado con lapices de colores por un niño. Esas cinco pastillas me pararon el corazón y vi la luz del túnel antes de los medicos de la UVI móvil me devolvieran a la vida. Me cobraron 160 dólares por la sacudida.
Noviembre de 1986. Un año ajetreado. Vicodina. Imagina que amaneces con el nudo en el estomago de todas las mañanas pensando lo que te espera:
- Ducha
- Cafe
- Atasco
- Tertulia radiofonica
- Infierno
- Casa
- Cerveza
Y de pronto caes en la cuenta de que es domingo . Ese estallido de cuatro segundos de alivio es lo que te proporciona la Vicodina durante seis horas. pero si te excedes en la dosis, te deshaces en estériles vómitos de aire, sientes unas manos retorciendote el estomago como si se tratara de una bayeta, y los hilos de baba caliente te cuelgan de la boca mientras intentas en vano mover las extremidades. Las palabras se baten contra el cerebro como despojos contra un rompeolas, sin orden, sin conexión. Dedos. Nombre. Me oyes.
Febrero de 1987. Darvocet. Y una pinta de Bourbon.
Ayer, 17 de agosto de 1987. Carisoprodol. Viene en una pastilla blanca, como una vitamina gigantesca, contiene 350mg capaces de licuar los músculos contracturados de atletas y mozos de mudanzas. Como te pases, la relajación se extiende hasta el diafragma y luego el corazón. Es como si te ahogaras, como si tuvieras un luchador de sumo en el pecho. Antes de quedarme tieso me había metido tres rayas de farlopa para evitar la parada cardiaca, pero no fue suficiente.
domingo, 13 de enero de 2013
"Miras el calendario por primera y última vez este mes, nunca te gusto saber en que día vives, y te das cuenta de que hace seis años ya de aquello.
Vuelves a aquel domingo lluvioso como el de hoy, al olor a calefacción de coche y a jugar como un niño pequeño a atrapar las gotas de lluvia tras el cristal mientras tratas de olvidar lo vivido en aquel lugar, olvidar se convierte en tu nueva actividad favorita. Después de un largo rato de viaje te despiertas, y como acto reflejo te miras las muñecas en busca de señales de aquellas "esposas" que te hacían permanecer en la cama, ninguna de tus perversiones sexuales volverán a incluir esposas, por muchas plumas rojas que tengan. Son las 03.02 de la mañana no puedes dormir, incluso después de unas cuantas cervezas nada puede calmarte los recuerdos. Aprietas la mandíbula con rabia, recuerdas aquellos momentos donde tu torturador era quien te hacia sobrevivir a base de malsanas comidas y palabras que hoy toman sentido.
Estas en el coche, tu madre conduce, no sabes que esperar ahora de ella, al fin y al cabo llevas meses pensando que fue ella la que te encerro y tiro la llave. ¿A donde te lleva ahora?. La salvadora, mi salvadora. Mi cárcel. Mi pared.
Cuentas hacía atras desde seis, "cinco, cuatro, tres, dos, uno, doce, once, diez, nueve, ocho... ocho..."
jueves, 10 de enero de 2013
"Tras ponerse el jersey verde botella que tanto le gustaba ya que pegaba según él con las hemorragias nasales que normalmente le acontecían, cogió su libreta negra de apuntes y salió a la calle cerrando la puerta de un portazo, en el que sin darse cuenta uno de los cuadros de la pared con la onda se precipito al suelo haciendo añicos el cristal que protegia la figura de aquel Cristo con luz que por las noches le daba tanto miedo al presidir el pasillo que había de recorrer descalzo hasta el baño al levantarse a mear. Bajo las escaleras de dos en dos sin mirar por un segundo atras y sin haber cogido un abrigo en pleno enero, creia que Barcelona era la ciudad de la eterna primavera salvo en verano.
Metió la mano en su pantalon y encontro varios papeles arrugados entre los que destacaba "Llamar al psiquiatra", siempre jugaba a esconderse papeles de colores en los bolsillos de los pantalones al quitárselos guardaba en ellos notas mentales que le servirían de tarea para cuando se los volviera a poner, es una de esas manías que tenia como la de dormir con una almohada entre las piernas porque le molestaba sentirse los huesos de las rodillas por la noche. Manías tontas y a veces molestas para los de su alrededor. D. llevaba sin duda un tiempo desaparecido hasta de si mismo, jugaba al escondite día a día con su sombra, consigo mismo e incluso con la sangre que corría por sus venas, ya que hacia mucho tiempo que no se hacia daño con las cuchillas de afeitar que se encontraba en el cubo de la basura o no se pinchaba con las agujas de coser que guardaba para casos de emergencia, en los que la hendidura fuese demasiado grande y no pudiese curar sin unos puntos de sutura, bromeaba con sus prácticas de cirugía tras haber deshuesado un pollo, rellenarlo y coserlo nuevamente para luego devorarlo en un festin. Se rodeaba de libros que le hacían formar un muro demasiado transparente, corria en círculos dentro de la misma habitación y saltaba de la cama al suelo y del suelo a la cama tratando de encontrar una salida o el baldosín que accionase un mecanismo de escapismo. Podia contar sus sobredosis con los dedos de una mano pero no le eran suficientes, queria usar las dos, por eso al llegar al último escalón, se miro la cartera y bufo. Era un jueves por la tarde, no tenia correo ni ganas de salir a la calle, pero todo depresivo sabe lo que tiene que hacer para alimentar ese sentimiento. Se ajusto el cinturón, se hizo el dobladillo del pantalon sobre los calcetines grises y salió por el portón. No llovía, aunque el lo prefiriese y al salir del andamio que le cubría echo a correr, al doblar la esquina se paro en seco. Una lagrima cayo, el reencuentro se había producido. Su jersey parecia ser el menos satisfecho, pero allí estaban, uno enfrente del otro. Esta vez A, había elegido un atuendo oscuro y cautivador, informal pero elegante, de esos que dejan marca en los demás, A. sabia como sodomizarle una vez más. Si, era otra hemorragia, de las no voluntarias. El suelo parecia más cerca de lo normal y menos comodo."
viernes, 16 de noviembre de 2012
Tras leerte todos los manuales de escapismo que tenías a tu alcance, te sientas por fin en un lugar donde te sientes a salvo de los demás y de ti mismo. Las olas juegan a acallar tus pensamientos con sus rugidos, es el día mas soleado de un falso otoño en la ciudad del eterno verano. Llevas camisa de franela abotonada hasta arriba pero aun así sientes un frío anormal en el cuerpo cuando la temperatura es de lo mas agradable para el resto de transeúntes.
Es 16 de noviembre es un día bastante normal, como cualquier otro, sin embargo para ti no lo es, parece que todo el mundo ha olvidado el 4 de mayo porque quizá no hacían nada mas que sus labores del día, actualizar su perfil de facebook o ir a algún festival de música pero tu lo recuerdas como si fuese ayer una vez mas, lo cual aparte de nauseas hace que sientas esa rabia que hace que te duela la mandíbula de tanto apretar los dientes como fiera ante su enemigo.
Una ola se te acerca como una caricia suave al pie, en vez de reaccionar sigues parado esperando que la ola llegue a tocarte con su frío helador, tienes una razón, piensas qué tanto por cierto de ella habrá en esa ola, en esa caricia, y recuerdas el barco, y como alzaste la mano mientras la brisa borraba de entre tus yemas los restos de tu madre como si de un sutil beso de despedida se tratase. Necesitas un abrazo y ya no sabes como pedirlo. Te has alejado de todos, sientas pánico a lo que estas palpando y no sabes ni como empezar a caminar.
Pronto será su cumpleaños y solo puedes pensar en que le regalarías este año, pero de repente te das cuenta de que le hace falta nada, ni regalos ni promesas que nunca llegaran, a veces juegas a que esta enfadada contigo esperando a que madures o a encontrar un buen trabajo y tomar las decisiones acertadas y cuando eso pase volverás a escuchar su voz como si no hubiese pasado nada, otras veces te imaginas que esta de viaje, no muy lejos, pero que no tiene cobertura o a perdido el móvil, a ella le gustaba su libertad pero que volverá y te traerá un recuerdo que pondrás en la pared, a la vez que volverá su olor cálido a envolverte, esa mezcla a perfume y tabaco negro que guardas en la memoria desde niño. Tienes mucha imaginación y lo sabes pero una gota en tu mano te despierta del letargo en el que estas, acercas tu lengua a ella y notas al gusto salado de aquella gota en tu mano, solo una, entonces te das cuenta de que estas llorando, no es una ola que ha dejado su huella en tu mano, sino una lagrima que huye de tu mente como rata en un naufragio, escurridiza y rápida sale al exterior mostrando la realidad.
Has tratado de demostrarte a ti mismo lo bien que lo estas haciendo, pero no es cierto y solo es una mentira más de tu bola de nieve, aceptar lo que la vida te has puesto delante no es una opción y sigues negandote a ti mismo. Muchos presumen de conocerte, incluso de hacerlo mas que los demás aunque se avergüencen de ello, pero sin embargo aquí estas, sin héroes, ya los has matado todos, unos disfrazados y otros cayeron desde lo mas alto ya que su capa o la química no les permitía volar más.
Pronto el sol se volverá engañoso deberías levantarte y seguir tu camino a casa, quizá esta es tu casa donde puedes mirar las olas y alimentarlas.
Te pones el jersey y te das cuenta de que tiene un pequeño agujero en el lado izquierdo, "me habré enganchado en algún lugar" te dices, te levantas de la arena como alma que escapa del diablo, sientes un frío inmenso ya que la caricia anterior ha dejado paso a la humedad en tu zapatilla izquierda, te limpias la arena de las piernas y te pones en marcha a paso firme, son solo las 3 de la tarde y ya quieres acostarte, piensas como 6 meses atrás, que dormir será lo único que te haga no sentir, has pasado esa fase antes, 8 zolpidenes al día son suficientes para mantenerte dormido unas 23 horas al día, sin falta de comer o hacer otras funciones. Solo quieres dormir. Solo quieres sacar las ideas de tu cabeza, solo quieres volver.
jueves, 8 de noviembre de 2012
No siempre pasa igual con todo el mundo, D. siempre había sentido la necesidad de sumergirse en oscuridad, para el abrir el balcón cada mañana y dejar entrar la luz no era mas que un ritual de higiene, como lavarse los dientes, todos lo hacen pero a nadie le gusta. Esta vez parecía que D. dejaba atrás a A. dando paso a B. "B. b...· se repetía constantemente en la cabeza. Los ciclos se cierran, no cuando a uno le gustaría que se cerrasen, sino cuando un día te despiertas y sientes que algo nuevo esta pasando y no eres capaz de pararlo y tan siquiera quieres hacerlo. Tan solo lo dejas pasar. B. era uno de esos chicos que aunque no creían en el amor, creían en querer a alguien, en cuidarle, en escuchar como había ido su día, en saber que sus lagrimas no se derramasen sobre otro hombro que no fuese el suyo, en crear rabietas tontas para eliminar la tristeza, en dibujar sonrisas todas las mañanas al amanecer y en que el espejo puede ser de tus mejores amigos. B. también era inteligente, vanidoso, educado y sobretodo algo que D. odiaba sobretodas las cosas, bromista, pero esas mismas bromas que D. odiaba eran las que le sacaban las sonrisas mayores en los peores momentos. Asique cuando era la fecha de su cumpleaños D. no lo dudo ni un momento y decidió sin darse cuenta que era hora de mudar la piel de los dientes, y quizá disfrutar de la luz un niño cuando sopla una vela en una tarta. El amor quizá para B. ya no existía, pero D. se encargaría de que las hadas siguiesen estando ahí para los futuros ateos. Mientras tanto tres rosas rojas lucían brillantes en unas pupilas oscuras en un rincón de una inmensa ciudad donde la distancia creaba muros de cristal, quizá no tan trasparentes como ambos deseaban pero si de esos que te dejan dibujar corazones en el vaho y ver que si en veintinueve años no se habían encontrado quizá había una razón para ello. Celebrar cada día como si de un cumpleaños se tratase. D. envolvía sus promesas no ser tan gruñón, no volver a jugar al ocultismo, quizá ser algo mas sexual después de las ocho de la tarde, en papel de regalo azul cian. La noche caía. La ciudad se volvía mas fría. Pronto estarían juntos en otro lugar. Un lugar mas frio de lo habitual en una habitación de usar y tirar de la que quizá no recordarían el balcón, o el color de las paredes, pero si aquel día.
Andy Warhol escribió en su libro "Mi filosofía de A a la B y de la B a la A", Ciertos tipos de belleza te empequeñecen y te hacen sentir a su lado como una hormiga. Una vez estuve en el Estadio Mussolini con todas las estatuas y, como eran mucho mayores de lo normal, me sentí como una hormiga. Una tarde estaba pintando a una belleza y un insecto quedó atrapado en la pintura. Traté de quitarlo, lo intenté una y otra vez hasta que maté al insecto sobre los labios de la belleza. Así que allí estaba aquel insecto, que podría haber sido una belleza, abandonado con los labios de alguien. .
D. sentía tan suyo aquella descripción que necesitaba plasmarla en algún lugar secreto suyo, pero sin embargo le hizo saber a B. que el se sentía con el como aquel mosquito, y que gracias a que el le veía como la belleza en los labios de alguien, cada mañana abría el balcón con mas ganas a pesar de las obras en su fachada y del miedo a la luz. Sobrevivía.
Gracias. Feliz Cumpleaños. B.
lunes, 22 de octubre de 2012
Y cuando por fin crees que lo tienes asumido, te pones a cortar una cebolla, un pimiento, dos tomates y una zanahoria y sin darte cuenta empiezas a llorar, como si del mismo funeral se tratase. Te miras las manos temblorosas, no controlas el cuchillo, sino que el solo parece meterse en el tomate como si de un acto involuntario se tratase, cortando la roja carne y soltando ese jugo característico que a ella le daba alergia al tacto con su piel. Notas de nuevo esa falta de oxigeno en tu pecho, sientes que tus pulmones son como ese tomate que acabas de rajar, pero aun así intentas seguir con el proceso homeostático sin dejarte llevar al impulso de clavarte el cuchillo y acabar con el dolor, pero quieres terminar lo que has empezado, ese camino que ella te decía que nunca seria mñas largo que tus piernas, pero te has quedado en el metro y setenta y dos y no crees que puedas llegar ni al donde has dejado el aceite en este momento. Suena la puerta, tratas de secarte las lagrimas como puedes mientras que buscas una excusa para estar cocinando a las seis de la tarde y llorando al mismo tiempo, eres rápido y te das cuenta de que la cebolla puede ser la mejor de las excusas, miras por la ventana sigue lloviendo. Quizá hoy es uno de esos días en los que mejor no te hubieses levantado de la cama, o quizá de esos en los que sin duda subir a la terraza y dar un salto al vacío es la mejor solución para todo, pero tú no eres de esos, eres de los que cocinando se apacigua, pero no recuerdas la receta y ella ya no te puede contestar. Hasta ahora tratabas de usar tu humor negro como escudo, y recuerdas aquella frase de "tu suegra lo ve todo porque esta en el cielo...", pero te das cuenta de que ahora no sirve, o quizá no sirvieron nunca pero te empeñas en que puedes seguir fingiendo. Es tu cumpleaños puedes llorar si quieres. Ella estaría al otro lado del teléfono intentando animarte.
"Mama el día que te mueras, yo voy detrás..." otra promesa mas que nunca cumpliste, una mentira para demostrarte egoístamente cuanto la querías, ahora todo ya da igual, ni ella mira desde el cielo, ni tu estas en la tumba, asique mejor será que sigas haciendo ese estofado, te encierres de nuevo en la habitación y olvides por un momento que el amor es egoísta siempre, al no ser que sea el de una madre por un hijo, y ese lo tendrás siempre. Miras de nuevo por la ventana, sigue lloviendo, marcas su numero una vez más tratando de que salte contestador para poder escuchar su voz una vez mas “Hola soy M. en este momento no puedo antenderte, asique deja tu mensaje y te llamo”, como hacías aquella primera semana en la que no asumías la realidad. Pero en su lugar una grabación te devuelve al principio de la historia y al final de aquel tomate.
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